Arte Fotográfico 630 - Fotografía de Reportajes

Foto: Juan Medina "Inmigrantes"

Sumario

02 Ser o no ser

03 Brent Stirton (USA)

08 Juan Medina (Argentina)

12 Espen Rasmussen (Noruega)

17 Federico Gama (México)

21 Fernando Moleres (España)

25 Carlos Spottorno  (España)

29 Javier Teniente (España)

33 Vicente Tofiño (España)

37 Christine Spengler (Francia)

41 Francisco González (España)

45 Maynard Switzer (Canadá)

49 Eduardo Rodríguez Merchán (España)

56 Miradas expertas

58 Apuntes por Antonio Cabello

60 Coleccionismo por Bárbara Mur

Foto: Antonio Cabello

Apuntes

 

por Antonio Cabello

director de la revista Arte Fotográfico

Sentimientos revelados

Comenzábamos un viaje que constituía una espeluznante gesta, aunque éramos conscientes de los riesgos, estos, nada tenían que ver con la realidad y a pesar de todo, desafiábamos nuestra suerte, el sino estaba trazado, para mayor desdicha embarcamos en una lóbrega noche, el manto de agua de transparentes hilos se iba tejiendo con filamentos de compacta lluvia, cubriéndonos y despojando de nuestros extenuados cuerpos el cristalino salitre que impregnaba las maltrechas magulladuras que formaban ya parte de esa mortificación que penetra hasta el más sutil de los sentidos, el frío se hacía cada vez más insoportable y del castañeteo de dientes que delataba una incipiente hipotermia, pasamos a una sorda oración, solo perturbada por los clamores de un joven imberbe encomendándose al Dios del Profeta, era una plegaria que más bien se asemejaba a un ritual tribal del que eran testigos la mar encrespada y la estridencia de las olas al impactar con la frágil embarcación.

Alí, se hallaba muy débil, apenas si teníamos espacio para que pudiera recostarse y acomodar sus entumecidos huesos en un viaje que se antojaba estuviese a punto de concluir. Fue Fátima, mujer de facciones deslumbrantes, que atesoraba en su entrañas la simiente de la vida, la que reconfortó el cuerpo cubriéndolo con su raído manto, abrigando al desventurado que desde su más íntimo silencio dejaba sentir los estertores de un fin anunciado, su exhausta mano se deslizo sobre la mía como aferrándose a la esperanza y su agonía termino en sigilo, pasando desapercibida para el grupo de hombres que luchaban por la libertad, la joven intuyo el fatal desenlace y elevo sus profundos ojos al infinito, quizás trazándole la senda a seguir en ese viaje hacia mejor fortuna. Al cabo de unas millas el patrón se percató de que Alí había llegado a su destino y dio orden de arrojarlo a las ateridas aguas, pues su peso y espacio aliviarían la embarcación, ya que nada se podía hacer por mi pobre amigo, mis ojos se llenaron con la esencia de los sentimientos, pues recordaba los días que compartimos juntos. El preámbulo de esta odisea la comenzamos en el distrito de Pujehun en Sierra Leona, partimos sorteando toda suerte de calamidades y desplazándonos con los medios que encontrábamos en cada momento sin descartar las largas caminatas por lugares inaccesibles ya que los escasos medios económicos de los que disponíamos debíamos emplearlos en adquirir el pasaje a la tierra prometida, nos acompañaba Akim, que era un joven impulsivo que llevaba en mente realizar todo tipo de peripecias hasta establecerse en España y así poder mandar el dinero suficiente para que viajaran sus allegados y poder gozar de los bienes que nunca habían encontrado, el camino se hacía más llevadero gracias a estas quimeras que el pubescente Akim nos relataba una y otra vez, conseguimos por fin coger el ferrocarril que llega hasta la ciudad azul, este iba abarrotado de personas como nosotros que empeñaban su esperanza en salir de la ruindad ya que según se había propagado España era la tierra de la abundancia aunque el acceso podía ser algo peligroso pero una vez allí era fácil encontrar trabajo y llevar una vida mejor, ahora me doy cuenta que estos rumores salían de bocas que se lucraban con la desesperación de los míos.

Una vez llegó el tren a la capital contactamos sin mucha dificultad con un chico que lo organiza prometiéndonos arreglar el viaje, pero hasta dentro de unos doce días no saldría nuestra embarcación y por lo tanto debíamos ocultarnos en un bosquecillo próximo a la playa hasta que llegase la hora de la partida, fijamos el precio. El olor a gasoil mezclado con agua marina me hizo volver a la realidad, la embarcación hacía aguas y el presagio era tétrico sino divisábamos pronto la tierra de la esperanza, y sin embargo no parecía que el milagro llegaría a producirse, en ese silencio de la noche solo perturbado por los ahogados sollozos de un maltrecho pasaje que presagiaba la peor fatalidad, el oleaje jugaba caprichosamente con nosotros en un vaivén amedrentador en el que nos veíamos de pronto elevados en su cresta o en la más profunda oquedad de un mar que se abría queriéndonos engullir, solo la impávida actitud de nuestro patrón afianzaba nuestra serenidad.

El patrón, hombre que delataba una edad en la que se reunían multitud de experiencias, era no muy alto, enjuto y fibroso, de piel calcinada en ambientes hostiles con ese aspecto que posee el cuero curtido, nariz aguileña y mirada penetrante que traspasaba lo más recóndito del pensamiento, fogueado en su trabajo conocía bien lo que se hacía y de seguro no era la primera vez que vulneraba la vigilancia con el tráfico de hombres, se dejó oír por segunda vez, ¡achicar agua!, su voz era autoritaria y despiadada ya que su trabajo consistía en transportar la calamidad, entendía que en esta era su obligación y su deber el sortear todas las dificultades hasta llegar a la costa gaditana. Maniobraba bien un motor Yamaha de sesenta caballos recién comprado en Casa Blanca, con parte del dinero que habíamos adelantado, ya que el pasaje costaba unos cien mil dinares lo que equivale a unos dos mil euros, precio excesivo si se tiene en cuenta que el ferry Tánger-Tarifa solo cuesta doscientos euros.

Presumía de haber vivido todo tipo de experiencias aunque no imagine que cada segundo que pasaba sin que la aflicción me hubiese abrazado, pudiera hacer tanta mella en mi ánimo, era una interminable congoja que hacía que se entrecortarse la respiración y las vivencias de niño se recreaban lucidamente en mi mente como si se tratase de aflorar en unos segundos todos los recuerdos de una vida, la patera volvió a inundarse de agua y de nuevo el joven imberbe, que apenas superaba los dieciocho años, al que tiempo después supe que su nombre era Yusuf, con un recipiente de plástico comenzó a reducir el líquido que nos invadía y en el que nos íbamos lentamente fundiendo. El cielo se rompía una y otra vez iluminado por rayos cegadores orquestados por estremecedores truenos que encrespaban el más templado de los ánimos.

El patrón demostrando su pericia una vez más, indico que seguramente nos habían localizado por el radar pero había divisado horas antes otra patera muy sobrecargada y por el rumbo que llevaban seguro que debían de haber zozobrado en los escollos, por lo que suponía que las autoridades se encontraban prestándoles ayuda y eso les debilitaba en nuestra vigilancia aumentando las probabilidades de llegar a nuestro destino, sus palabras sirvieron para transmitir el primer hito de aliento, posiblemente era esa, una esperanza ilusoria, pues desconocíamos que aún nos quedaba un peor devenir.

Con todos los sentidos en tensión y con la ansiedad que conlleva el saber que estas a punto de concluir un capítulo de la vida para abrir otro nuevo, en ese estado de reflexión en el que nos encontrábamos divisamos unas parpadeantes lucecillas que apenas se apreciaba en la lejanía por lo que dedujimos que nuestro destino estaba próximo, la angustia nos embargaba y no sabíamos hasta ese momento que las auténticas calamidades apenas si habían comenzado.

Fue espeluznante oír las advertencia del patrón indicándonos que debíamos abandonar la patera para alcanzar a nado la orilla, pues apenas distaban unos doscientos metros y nos encontrábamos en una zona llena de escollos que destrozarían la embarcación desintegrándose en el impacto, por lo que correríamos un fatal desenlace, era una agonía por la que todos queríamos pasar a hurtadillas sin mostrar el menor de los asombros a esa apesadumbrada resignación que suponía aceptar un fatal destino, la sugerencia causo pavor entre la mayoría de los ocupantes del fatídico viaje, ya que la mayoría no sabía nadar y era la primera vez que se sentían rodeados de agua, les quedaba solo la disyuntiva de volver a lugar de origen o arrojarse en los brazos de su propio destino, pero sabían que era tampoco lo que podían perder, ya que su mayor tesoro era la vida y en ese momento carecía del más mínimo valor y en el caso de regresar vivirían sin vivir ya que se ahogarían lentamente en tierra firme y de cualquier manera era mejor perecer que defraudar a aquellos que les habían entregado todo el beneficio de una mísera vida para que alcanzaran una existencia mejor y así restituir los bienes proporcionados ya que lo poco que les remitieran seguro que sería para ellos una fortuna y un contacto para que otros miembros de la familia pudiesen acariciar en días no lejanos el sueño de un futuro mejor. Debido a que la situación de mi país es imposible de sobrellevar, fenecemos en una vida vedada para mi gente y apenas podemos sentir la emoción de que el crepúsculo de cálida luz nos acaricie y poderlo contar, la vida se convierte en lenta agonía. Los compañeros de calamidades tomaron sus escasas pertenecías, la mayoría consistentes en alguna ropa envuelta en un trozo de plástico pegado con cinta adhesiva, para preservarlo de la humedad, y se dispusieron a acatar la orden del patrón. Fátima volvió a su reencuentro celestial con esa intensa mirada fijada en un profundo vacío, dejando al descubierto el vidrioso blanco del que aflora ese amargo licor de la aflicción, fue mi mano la que asió la suya despertándola de la pesadilla y en un susurro que apenas si se dejaba oír, por quedar atrapado en lo más profundo de mi garganta, le dije: ¡vamos!. Una leve mueca surgió de aprobación semejante al agradecimiento, dibujándose en su rostro horrorizado por lo que acaecería y se entregó a mi protección.

La temida exigencia partió de los afilados labios que apenas se inmutaron al pronunciarla y todos traspasamos la borda para dejarnos mecer por un oleaje implacable. Yo había aprendido a nadar ya que alguna vez había tenido que vadear los ríos de mi tierra cuidando el ganado de la tribu que debían alcanzar los pastos que le permitirían sobrevivir, cuando la sequía dibujaba complicados laberintos de grietas a modo de un gigantesco puzzle de la arcilla seca. Aquello significaba la ausencia de cualquier resquicio del verdor que aliviará la desnutrición de los animales y por consiguiente debíamos poner a salvo el ganado, que era nuestra única fortuna, hasta la época de las caudalosas lluvias que invocaran a las dormidas semillas ocultas en la áspera tierra, invitándolas a despertar ante la húmeda caricia, surgiendo tímidamente al tiempo que desperezándose cubrían las llanuras de nuestro pueblo.

Alcanzamos la playa tras sortear los escollos y aunque exhaustos deposité a Fátima en la arena pues necesitaba urgentemente cuidados médicos, debido al avanzado estado de gestación. Lamentos y gemidos de desesperación nos llegaba desde la lejanía sin duda pertenecían a aquellos desgraciados que conseguían abordar la playa en muy mal estado, otros sin embargo el oleaje los arrojaba como peleles rotos y semidesnudos ya que habían concluido su periplo por la existencia, yo intuía que en mi situación debía guardar las pocas fuerzas que apenas alimentaban mi ánimo para emprender la huida, pero me inquietaba la mujer, su estado y el grado de hipotermia a la que estaba sometida, podía ser fatal para ella y el hijo que esperaba. Sabía que de encontrarla, las autoridades le prestarían todos los cuidados necesarios. Al oír pasos ligeros y unas agitadas luces que se movían sin cesar me pusieron sobre aviso de la proximidad de personas seguramente autoridades y sanitarios, di un ligero apretón de manos a la mujer y le inste para que aguardara unos momentos que pronto se ocuparían de ella y la atenderían adecuadamente, seguidamente me aferre a las pocas fuerzas de las que disponía y corrí para esconderme entre las rocas que rodeaban la pequeña cala, la tormenta había cesado y la noche quedo negra como boca de lobo por lo que mi piel se fundió en la oscuridad, desde allí pude observar como encontraban el cuerpo de Fátima y le atendían con sumo mimo, le envolvieron en una manta para darle calor y dos hombres la depositaron en una camilla para prestarle los cuidados oportunos, algo que ya parecía formar parte de mí se alejaba y se me antojaba que no volvería a verla jamás, la pena me hizo desfallecer olvidándome de mi situación.

Sabedores de que era difícil alcanzar las altas rocas, en el estado en el que desembarcamos, los hombres siguieron buscando al borde de la playa, en la arena y entre los arrecifes, algunos compañeros heridos y otros maltrechos fueron siendo atendidos y de igual modo unos cuantos cuerpos fueron alineados y cubiertos por algo metalizado, oré por ellos y me sumergí en un sopor hasta que las pocas fuerzas me abandonaron, mi último pensamiento fue para esa persona que me daba ánimo para continuar, se habían sellado unos lazos profundos en el viaje, ahora ya tenía un por qué, para aferrarme a la vida y en ese estado me sumí en un profundo sueño perdiendo la conciencia...

Este relato pudiera ser el texto que ilustra el reportaje de Juan Medina “Inmigrantes” o dicho reportaje puede poner imágenes a este relato, lo cierto es que la fotografía de grandes reportajes puede tener una cara dulce de final feliz como la mostrada en las excavaciones egipcias o amarga cuando se fotografía el horror y la muerte. Contar una historia con fotos no solo consiste en tener acto de presencia en un lugar donde transcurre una acción ya que al concluir de visionar el reportaje el espectador tiene que saber a ciencia cierta qué es lo que ocurre en el escenario fotografiado y concienciarse de lo que allí ocurre y sí es posible compartir los sentimientos captados.

Este ejemplar de la revista está comprometido con los magníficos fotoperiodistas y documentalistas que saben captar y transmitir la esencia de sus reportajes y pasando de una temática a otra presentar un amplio dossier de lo que acaece en el mundo.

Hemos contado con una diversidad de temas que revelan una cara amable, llena de color como son los portafolios de Maynard Switzer y su mirada sobre África que recuerda las grandes obras pictóricas sobre composiciones en las que las luces doradas ponderan sobre animados personajes de prendas coloristas, es una explosión de color que fascina por su armonía y una perfecta estética que es la base de este trabajo.

Del mismo modo Brent Stirton nos conduce por el mundo mágico de las tribus y aporta en su documento los rituales que practican ciertos pueblos con una marcada personalidad, mostrando una obra de profundidad en la que los protagonistas posan ajenos de las miradas aportando carácter al trabajo. 

Francisco González también muestra lo que puede ser un día cualquiera en Vietnam y su trabajo es descriptivo y profundo ya que es parte de un amplio proyecto muy comprometido con las realidades actuales en el que quiere transmitir que en la diversidad existe una unidad ya que lo mismo da cultivar arroz en Asia o maíz en América sí son los campesinos los que obtienen el fruto de la tierra. Su obra por tanto tiene una gran empatía con el lugar y las personas y se detecta que la gran comunión global.

Carlos Spottorno es el testigo grafico del desarrollo de una investigación, capta momentos y expresiones de los que descubren los tesoros arqueológicos lo que le añade un valor incuestionable al proyecto arqueológico y formando este testigo parte del expediente por ser de un valor incuestionable.

Portafolios más comprometidos son los que denuncian realidades como es el caso de Juan Medina que ha trabajado una década deambulando por diversos países en busca de la imagen que complete un ambicioso proyecto en el que los inmigrantes en ocasiones dejan su vida en el intento y desde el inicio en las ciudades de origen hasta las lapidas del cementerio sigue la odisea con un carácter documental respetando y sin interferir en la acción.

Del mismo modo Fernando Moleres se compromete con la explotación de la mujer trabajadora en un documento realizado en diferentes países buscando siempre el mensaje que transmite desde diversos ángulos pero siempre con un denominador común, la carencia de color al presentar fotos en blanco y negro le aporta el carácter que el fotógrafo quiere imprimir a su obra. 

Los valores documentales en ocasiones son complicados de descifrar si no se aporta una documentación oral para situar la escena en un contexto y lugar como pueda ser en esta ocasión el trabajo de Federico Gama y los presos de un penal abierto, sin rejas pero situado en medio de las aguas.

Dos proyectos de esta revista muestran el duro trabajo que realizan los hombres para que otros se lucren a cambio de casi nada, nos referimos a Diamantes de Espen Rasmussen y Azúcar de Javier Teniente, ambos poseen un profundo colorido pero son desgarradores en cuanto a los valores que hacen buena la letra de la canción “Arrastrar la dura cadena trabajar sin tregua y sin fin es lo mismo que una condena que ninguno puede eludir. El trabajo nace con la persona va grabado sobre su piel y ya siempre le acompaña como el amigo más fiel”.

Vicente Tofiño documenta atendiendo al resultado estético, los avatares de los pueblos fijando su atención en los valores que dimanan de la acción y aportando una personal interpretación de los acontecimientos.

Hemos dejado para el final a Chistine Spengler ya que es habitual que en nuestros monográficos incluyamos un autor veterano que presentamos como estandarte de todos los fotógrafos del mundo rindiendo el merecido homenaje a su aportación.

Arte Fotográfico presenta la fotografía de grandes reportajes, horas, kilómetros, imágenes captadas… una invitación para conocer la verdad del mundo.

Revista dedicada a la divulgación de la fotografía. Fundada en 1952 es la revista decana de las publicaciones fotográficas españolas. Desde sus comienzos, apuesta por la defensa de los valores artísticos, el concepto de autoría y el reconocimiento de la obra fotográfica.

Arte Fotográfico 630

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